Prevención de escaras: cómo reducir el riesgo de lesiones por presión
Qué son las lesiones por presión, por qué aparecen y cómo prevenirlas mediante una valoración del riesgo, ayudas técnicas adecuadas y cuidados personalizados.

Las lesiones por presión, tradicionalmente conocidas como escaras, constituyen una de las principales complicaciones asociadas a la inmovilidad. Aunque suelen relacionarse con personas encamadas, también afectan con frecuencia a quienes utilizan una silla de ruedas o permanecen sentados durante largos periodos, especialmente cuando concurren factores como la pérdida de sensibilidad, determinadas patologías o una capacidad limitada para realizar cambios posturales.
A pesar de su impacto sobre la salud y la calidad de vida, siguen siendo un problema poco conocido fuera del ámbito sanitario, en incluso infravalorado, en gran medida porque su aparición suele asociarse erróneamente a una falta de cuidados cuando, en realidad, intervienen numerosos factores fisiológicos y mecánicos.
En nuestra práctica diaria observamos una situación que se repite con frecuencia: muchas familias buscan asesoramiento cuando ya ha aparecido un enrojecimiento o una herida, pensando que el siguiente paso es encontrar el mejor cojín o colchón antiescaras. Sin embargo, la prevención comienza mucho antes, identificando los factores de riesgo y adaptando las medidas de protección a las características de cada persona. De hecho, comprender cómo se producen las lesiones por presión es el primer paso para evitarlas.
En este artículo explicamos qué son las lesiones por presión, quiénes presentan un mayor riesgo de padecerlas y qué medidas han demostrado ser más eficaces para prevenirlas.
¿Qué son las lesiones por presión o escaras?
Las lesiones por presión son daños localizados en la piel y en los tejidos situados bajo ella que aparecen cuando una zona del cuerpo está sometida durante un tiempo prolongado a una presión superior a la que los tejidos pueden tolerar.
El mecanismo es complejo. La presión mantenida sobre una zona de apoyo comprime los pequeños vasos sanguíneos y reduce el aporte de oxígeno y nutrientes a los tejidos. Cuando esta situación se mantiene, las células comienzan a sufrir daños que pueden evolucionar desde un simple enrojecimiento hasta una lesión profunda que afecte incluso al tejido muscular o al hueso.
Aunque muchas veces se habla de “escaras” como un problema exclusivamente relacionado con la piel, en realidad la lesión puede comenzar en tejidos internos antes de que exista una herida visible. Por eso la detección temprana y la prevención son elementos fundamentales.
Las zonas donde aparecen con mayor frecuencia son aquellas donde existen prominencias óseas y menor protección de tejido blando:
- Sacro y coxis
- Talones
- Caderas
- Glúteos
- Tobillos
- Omóplatos
- Codos
En personas usuarias de silla de ruedas, la zona pélvica y los puntos de apoyo sobre el asiento requieren una vigilancia especial.
¿Qué factores intervienen en la aparición de escaras?
Las lesiones por presión no dependen únicamente del tiempo que una persona permanece en una misma posición. En su aparición intervienen diferentes factores relacionados con la presión, la piel, la movilidad y el estado general de salud.
Uno de los aspectos más importantes es la combinación de presión, fricción y cizallamiento.
La presión aparece cuando una parte del cuerpo soporta el peso durante demasiado tiempo sobre una superficie de apoyo, reduciendo el riego sanguíneo de los tejidos.
La fricción es el roce repetido de la piel contra el asiento, el colchón o la ropa, que puede deteriorar sus capas más superficiales.
El cizallamiento se produce cuando la piel permanece prácticamente fija mientras los tejidos situados bajo ella se desplazan, como ocurre cuando una persona se desliza lentamente hacia delante en una silla de ruedas o en una cama articulada. Este movimiento interno puede deformar los tejidos y comprometer la circulación incluso antes de que aparezcan signos visibles.
En ocasiones, pequeños problemas posturales o de adaptación del material de apoyo pueden incrementar significativamente el riesgo, por eso no existe una única solución válida para todas las personas.
¿Quién tiene mayor riesgo?
Uno de los errores más habituales consiste en relacionar las escaras exclusivamente con personas encamadas. En realidad, el riesgo depende de la combinación de varios factores. Aunque cualquier persona que permanezca mucho tiempo en una misma posición puede desarrollar una lesión por presión, existen determinados factores que aumentan la probabilidad de aparición. Presentan un mayor riesgo:
Personas con movilidad reducida. Las personas que utilizan una silla de ruedas o permanecen encamadas durante largos periodos tienen más dificultad para realizar cambios posturales espontáneos que alivien la presión
Personas con pérdida de sensibilidad. Cuando existe una alteración sensitiva, la persona puede no percibir dolor, presión o incomodidad, por lo que no realiza los movimientos necesarios para descargar la zona afectada.
Personas mayores o con determinadas patologías. El envejecimiento, algunas enfermedades neurológicas, problemas circulatorios, diabetes o estados de fragilidad pueden afectar a la capacidad de la piel para resistir la presión y recuperarse ante pequeñas lesiones.
Personas con incontinencia. La incontinencia o la sudoración excesiva pueden alterar la barrera protectora de la piel y aumentar su vulnerabilidad.
Pero también influyen aspectos como la postura, la estabilidad del asiento, la distribución de cargas o la capacidad del tejido para tolerar la presión, por eso la valoración individual resulta mucho más útil que aplicar recomendaciones generales.
La prevención empieza antes del primer síntoma
Cuando aparece una lesión visible, el proceso de daño tisular puede haber comenzado, lo que significa llegar tarde al momento más eficaz de intervención. Una lesión por presión no aparece de un día para otro; antes de una herida suelen producirse cambios que pueden detectarse y sobre los que se puede actuar.
La prevención consiste precisamente en reducir los factores que favorecen ese daño antes de que se produzca. No se trata únicamente de cambiar de postura, también implica revisar cómo está sentada la persona, cuál es el estado de su piel y si existen otros factores que aumenten su vulnerabilidad.
- ¿Cuánto tiempo permanece en la misma posición?
- ¿Puede realizar cambios posturales por sí misma?
- ¿Conserva la sensibilidad?
- ¿Qué tipo de superficie utiliza?
- ¿La postura es adecuada?
- ¿Existen factores añadidos como humedad o problemas circulatorios?
Responder a estas preguntas permite elegir las medidas preventivas más adecuadas.
Principales soluciones para prevenir las lesiones por presión
La prevención efectiva combina varias estrategias. Entre las que cuentan con mayor respaldo clínico destacan:
- Realizar cambios posturales adaptados a la capacidad funcional de cada persona
- Inspeccionar diariamente las zonas de apoyo
- Controlar la humedad de la piel
- Mantener un adecuado estado nutricional e hidratación
- Utilizar superficies especiales para el manejo de la presión cuando están indicadas
- Revisar periódicamente la adaptación de la silla de ruedas y de los sistemas de posicionamiento
Ninguna de estas medidas resulta completamente eficaz de forma aislada, ya que su efecto es acumulativo.
1. Cojines antiescaras para silla de ruedas y sillones
El cojín antiescaras es una de las ayudas más conocidas, pero también una de las que más dudas genera. No todos los cojines tienen la misma función ni responden igual ante las necesidades de cada persona.
Su objetivo no es únicamente proporcionar comodidad, sino distribuir la presión que reciben los tejidos de manera más equilibrada, aumentando la superficie de contacto y reduciendo la carga sobre las zonas de riesgo.
Existen diferentes tecnologías con comportamientos diferentes frente a la presión, la estabilidad, la temperatura o la humedad:
- Espumas técnicas
- Gel
- Materiales viscoelásticos
- Sistemas de aire con cámaras independientes
La elección depende de factores como el riesgo de lesión, la postura, el tiempo de sedestación y la capacidad de realizar movimientos.
Un ejemplo de este tipo de productos es este cojín ergonómico viscoelástico

2. Colchones y superficies especiales para camas
En personas encamadas o con largos periodos de permanencia en cama, el colchón convencional puede no ofrecer una distribución adecuada de la presión.
Las superficies especiales para el manejo de la presión ayudan a reducir las cargas mantenidas y adaptan mejor el apoyo del cuerpo.
Existen soluciones con diferentes niveles de prevención según el riesgo de la persona:
- Colchones viscoelásticos.
- Colchones de aire alternante.
- Sobrecolchones antiescaras.
Entre ellas, tenemos este colchón antiescaras con motor de la marca Domus y esta sábana tubular deslizante

3. Cambios posturales y sistemas de posicionamiento
Modificar la postura de forma adecuada ayuda a descargar las zonas sometidas a mayor presión. No se trata únicamente de mover a la persona, sino de hacerlo correctamente, respetando su comodidad y evitando generar nuevas zonas de presión o deslizamientos. En algunos casos pueden ser necesarios elementos de posicionamiento como:
- Cojines de apoyo lateral
- Cuñas posturales
- Almohadas especiales
Como referencia, tenemos artículos como este cojín posicionador de cúbito

4. Protección e hidratación de la piel
Mantener la piel en buenas condiciones es una parte esencial de la prevención. Esto implica:
- Higiene adecuada.
- Secado cuidadoso.
- Control de la humedad.
- Hidratación mediante productos específicos.
Una piel cuidada tiene mayor capacidad de resistencia frente a las agresiones externas. Para ello, uno de los artículos básicos que se pueden aplicar es una crema protectora antiescaras de óxido de zinc.

Momentos en los que conviene extremar las precauciones
Aunque la prevención debe mantenerse siempre, existen situaciones en las que el riesgo aumenta.
El verano es uno de esos momentos. Las altas temperaturas favorecen la sudoración y la humedad, factores que pueden debilitar la piel y aumentar el efecto del roce. Además, durante las vacaciones son habituales los desplazamientos largos y las actividades fuera de casa, que pueden implicar permanecer más tiempo sentado sin los descansos o cambios posturales habituales.
También conviene aumentar la vigilancia:
- Tras una hospitalización
- Durante periodos prolongados de reposo
- Cuando se produce una pérdida de movilidad
- Tras una enfermedad o intervención quirúrgica
- Cuando cambia la rutina habitual de la persona
Estos momentos requieren revisar si las medidas preventivas siguen siendo adecuadas.
El asesoramiento especializado, clave para prevenir
La prevención de las lesiones por presión no consiste únicamente en adquirir productos antiescaras. Un cojín o un colchón pueden ser herramientas muy eficaces, pero su resultado depende de que sean adecuados para la persona y de que se utilicen correctamente.
En nuestra experiencia diaria comprobamos que muchas dudas surgen precisamente al intentar elegir entre diferentes soluciones. Por eso resulta fundamental acudir a profesionales que puedan valorar la situación, conozcan bien las necesidades y ofrezcan asesoramiento sobre materiales y productos para ayudar a tomar una decisión informada.
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